lunes, 4 de febrero de 2008

El niño con el pijama de rayas

Este comentario nos lo envía Salvador Hernández, profesor del centro, y parece ser consecuencia de lo que podríamos llamar un "cruce de lecturas"; por si alguien quisiera compartirlo o discrepar de él, allá va:

"Bruno es el único personaje de la novela que se atreve a abandonar su mundo para conocer “al otro”. A esto podemos llamarlo curiosidad infantil, afán por explorar, como hace el narrador de su historia. Un afán, un exceso tal vez, que lo lleva a un final prematuro. Pero, por otra parte, Bruno representa, dentro del mundo de la infancia al que pertenece, el impulso amoroso en la novela. Pocos personajes de la misma comparten este impulso: Pavel, cuando le cura la herida arriesgando su propio pellejo, tal vez… Y el propio Bruno tiene retrocesos, por ejemplo cuando niega conocer a Shmuel delante del teniente Kotler. Pero finalmente es un personaje que avanza, de manera inconsciente, instintiva, hacia el prójimo, aunque esto le acarree la aniquilación.

Se plantea en la novela la lucha entre este concepto pueril, arriesgado, de la existencia, frente al calculador, “que prefiere no pensar”, que comparten el resto de personajes, salvo la abuela de Bruno.

Esta reflexión me viene después de leer un artículo de Gustavo Martín Garzo sobre “El secreto de los cuentos” (El País, 24 de diciembre):

“Adentrarnos en los pensamientos secretos de los seres que amamos, eso es lo que nos permiten los cuentos… La mayoría de las veces para transmitirnos este amor a la vida los escritores tienen que recurrir a historias desoladoras…Pensemos en La sirenita, por ejemplo. Su gran tema es el amor. El amor como aventura, como entrega, como sacrificio. Su personaje abandona todo cuanto tiene y es –su identidad, su vida, su territorio-, para partir en busca de ese otro que ama. En un mundo que hace de la identidad personal, nacional, lingüística, la cuestión esencial, no puede haber una historia más necesaria que ésta. No creo que exista posibilidad de vivir sin aventurarse más allá de lo que conocemos y lo que creemos ser, y en eso La Sirenita es un personaje ejemplar. ¿Fracasó en su intento? Yo creo que no, porque logra tener una historia por la que siempre será recordada. Y ese mundo de los cuentos es el que elige el alma para aparecer en el mundo”.

Bruno es el protagonista de un cuento que tiene que acabar mal porque el impulso inocente hacia el amor que conduce su comportamiento es incompatible con el mundo racionalizado en el que se desenvuelve".

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